domingo, 11 de julio de 2010

Carta abierta a Shakespeare





Querido Hamlet:

La miríada de insectos te consumía.
Ay, pequeño Hamlet, creías
que el Olimpo estaba en la tierra
que los pasos son tan altos
como el aire que consumen.
Ay, pequeño príncipe-Rey
a veces me miro en tus ojos
y descubro la inutilidad del alba
la destreza de la noche
para consumir todo lo que brilla.
El juego era más pequeño, más quieto
un pequeñísimo juego para un pequeño
príncipe un pequeño rey una pequeña reina
un pequeño mundo: Éste.
Te creías en el campo de los gigantes
que vivías un tiempo maduro
donde los frutos tenían que crecer y consumirse
sin ser devorados.
Ay, pequeñísimo Hamlet fruto de Shakespeare
fruto del fantasma del hermano y la cuñada
tanto has existido que de la mano del gran poeta
has contado tu historia.
La historia de los que miran de tú a las estrellas
no cabe en un mundo tan pequeño
en lugares con mirar tan estrecho
en caminos que del alba al despertar desaparecen.
Tú, mar tormentoso que te deshacías en Dinamarca
en Inglaterra en el viaje tortuoso de la dignidad
que le apostabas al aire como si el aire
en su complicidad espantosa con el árbol
no arrancara las raíces completas de las cabelleras
no se atreviera a azotar los más límpidos cabellos de Ofelia.
Ay, mi queridísimo pequeño Hamlet
tus pasos tan grandes en tan pequeñas parcelas de tierra no cabían,
tus lanzas coloradas tu sangre envenenada
envenenar quería al globo terrestre.
Los venenos que aquí se consumen son tenues
bifurcados bien señalados por los orificios de los oídos.
Tus grandes venenos, que compartes con el poeta, ésos, los sueños,
aquí no caben, porque este es un pequeñísimo juego
que a diario se juega en campo llano en estadios repletos
de quienes gritan porque otros van tras la pelota.
He allí el juego verdadero, el que tú, Shakespeare,
el que tú, Hamlet, no sabes jugar: el fútbol.
El correr unos contra otros, coludir con árbitros
involucrados con quienes alrededor arracimados
se desgañitan y desgarran, por lo que algunos hasta se matan.
Ah, príncipe, cómo matar por un reino cómo llorar por un muerto.
Ah, poeta, cómo hablas del amor, del odio, de los celos, de incomprensión
si este mundo es tan pequeño, pequeñísimo, que el mundo entero
se juega por una copa de fútbol.


Del plaquette Poemas para Poetas

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